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You can’t make it up!

Por Marta González Muguruza. Conocimos a Tony en el 96. Por ese entonces, el Clio había decidido hacer preselecciones locales antes de la gran competencia internacional así que como representantes del festival, convocamos a un pequeño jurado para evaluar las piezas en las viejas oficinas de Lautrec. Un fax nos dijo que Mr. Tony Gulisano viajaría a Buenos Aires para llevar adelante el proceso de juzgamiento y con Acosta lo fuimos a buscar a Ezeiza. Carlos no manejaba el inglés y Tony no hablaba una palabra de español pero entendía todo, cualquier idioma, y era mágico ver cómo dos copas de vino después ya no necesitaban que les traduzca. No era el alcohol, era el poder de la comunicación en su estado más puro: las ganas de entenderse. Nos reímos mucho. Siempre. Desde entonces. Nos volvimos familia.

Tony viajaba por el mundo gran parte del año, pero cuando estaba en New York le gustaba quedarse en el barrio. Nancy, esposa y amor de toda la vida y su hija Stacy, la luz de sus ojos, me cargaban porque decían que era la única que podía moverlo más allá del East Village. Es que en la pasión por el mundo de las ideas entraban la música, el arte y la arquitectura. Así fue como un día manejamos 4 horas para ir a Woodstock, combinamos trenes para ir a la Dia Center for the Arts, en Beacon y revisamos hasta si las canillas funcionaban en la Casa de Cristal de Philip Johnson. Tony era un poco como Mr. Bean en la escena del aeropuerto de “Love Actually”. Un poco como Woody Allen en su genialidad y contextura, y un poco como Seinfeld para contar anécdotas que siempre cerraban con “You can’t make it up!”. Una tarde dimos vuelta su oficina hasta encontrar el original de VW “Lemon”; diapo que, por supuesto, atesoro. 

Tony fue el secreto mejor guardado de los festivales de publicidad. Su aporte a la industria fue enorme. Un estudioso de la carrera de los protagonistas detrás de los grandes avisos y un ojo afilado para separar la paja del trigo. Amaba la creatividad argentina y la apoyó en todo su recorrido profesional. Mucho le debemos a Mr. Gulisano.

Su aventura más reciente fue el One Show, The One Club for Creativity. Ahí encontró un CEO y amigo como Kevin Swanepoel y se dio el gusto de sumar al equipo a Bob Isherwood, una de las grandes cabezas creativas de todos los tiempos, con quien en cuestión de meses potenciaron todos los programas globales de diversidad e inclusión de la ONG y hasta abrieron una escuela en plena pandemia. El Board Internacional de Directores fue su última cruzada; estaba feliz de haber podido reunir un comité creativo global que oficie de consultor y asegure una mirada y una voz de cada rincón del globo.
Tony tenía la humildad de los grandes y la risa del que se sienta en el último banco. Un ser humano maravilloso al que vamos a extrañar muchísimo.

Aqui la última entrevista que compartimos con Tony Gulisano.

Su funeral tendra lugar este martes en New York y en su honor se creó una fundación que lleva su nombre Tony Gulisano Memorial Fund