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Siete pecados (y bendiciones) de las nuevas tecnologías

Por Pablo Corso. La promesa era tentadora: “compartir historias apasionantes, ideas innovadoras y experiencias disruptivas con tecnólogos, líderes empresariales y ejecutivos”, con foco en la necesidad urgente de reinventarse y abrir paso al futuro. La había hecho Globant, el unicornio argentino que produce software que interactúa con dos billones de consumidores al día. Y entre quienes compartieron esas ideas y experiencias durante la última edición del evento virtual Converge, nadie brilló más que Yuval Noah Harari: historiador, filósofo y autor de mega bestsellers como Sapiens: de animales a dioses. A continuación, un resumen de los puntos focales de su charla “Cómo la tecnología puede ayudarnos a crecer”.

1 Detrás de la herramienta La tecnología es territorio de dicotomías. Como un cuchillo y como la energía nuclear, las redes sociales son una herramienta que puede usarse para el bien (fortalecer democracias) o el mal (generar dictaduras digitales). Podemos pensarnos como consumidores pasivos, a quienes la tecnología puede controlar, o como creadores activos, con potencial de empoderarnos. Detrás de esos dilemas hay un par de preguntas cruciales: ¿Cómo entendemos la relación entre tecnología y seres humanos? ¿Y cómo nos entendemos a nosotros mismos?

2 ¿Qué aprendimos de la escritura? La escritura se inventó hace 5 mil años en la Antigua Mesopotamia. Tan simple como un palo y una tabla de arcilla, guardaba un potencial explosivo. Con ella llegaron los registros; con los registros, los impuestos; con los impuestos, las ciudades; con las ciudades, los imperios. Buenas noticias para la realeza, malas para el pueblo. En vez de pagar una mejor salud o educación, se usó para costear ejércitos y crear regímenes autocráticos. Sólo siglos después se inventarían los signos que permitieron almacenar poemas, cartas e historias de aventura, y así expandir para siempre los potenciales de la creatividad humana.

3 Plataformas virtuosas Cuando YouTube apareció en 2005, cualquier emporio mediático podría haberlo comprado sin pestañear. Los gigantes, sin embargo, tenían dudas. Por fin teníamos la capacidad de compartir millones de videos, ¿pero quién iba a compartirlos y quién iba a pagar a sus creadores? Los dueños de la atención razonaban bajo sus propios parámetros: ellos emitían, nosotros consumíamos. Un año después, una empresa emergente llamada Google compró la plataforma por 1,65 billones de dólares. Sonaba caro, pero sería uno de los mejores negocios de la historia. Larry Page y Sergey Brin habían visto el futuro: el contenido empezó a llegar gratis y -pocos años después- billones de personas se habían levantado del sillón para convertirse en productores de sí mismos.

4 Plataformas viciosas Mientras el contenido se volvía cada vez más barato, la atención se volvía cada vez más valiosa. Al diseñar las herramientas para capturarla, plataformas como TikTok adoptaron un criterio estrecho y dañino. Si lograban interpelar nuestros peores sentimientos, sería más fácil conseguir el objetivo. Algo especialmente válido en política: Facebook nos inunda con teorías conspirativas… justo sobre el candidato que odiamos. En vez de expandir nuestros horizontes, la visión se vuelve cada vez más limitada. Mientras la batalla por la atención se intensifica, el espacio para la exploración se encoge.

5 Peras, manzanas y naranjas Las apps de citas también plantean dilemas binarios: ¿somos consumidores de parejas o productores de relaciones? En el primer caso, sólo necesitamos encontrar al alma gemela entre los 7,8 billones de terrícolas. Nos entregamos a la magia algorítmica, probamos y erramos hasta que aparece el mejor “producto”. La segunda opción demanda más trabajo interno. Aunque la aplicación sugiera y sugiera, necesitamos esforzarnos para crear buenas relaciones. La asunción de una verdad incómoda -la media naranja no existe- tendrá un beneficio colateral: nuevas expectativas y mejores patrones de pensamiento.

6 El eco místico de la realidad virtual Los judíos creen en la resurrección terrenal de la carne. Los cristianos, en la pureza de las almas celestiales. Aunque no lo parezca, son concepciones vigentes en el debate tecnológico. Algunos fantasean sobre el ciberespacio como una nube inmaterial; otros creen que las nuevas tecnologías no funcionarán sin el cuerpo. Alguien que pasa su vida inmerso en videojuegos y encerrado en su habitación, ¿está preso o liberado? El espíritu y la materia nos interpelan de forma renovada. Durante siglos, los filósofos imaginaban mundos maravillosos y los ingenieros marcaban los límites. Hoy los ingenieros pueden construir cualquier cosa, pero los filósofos no saben qué hacer con eso.

7 Claroscuros de la revolución Como la agricultura y la industria, la tecnología de la información está creando enormes volúmenes de riqueza y poder. Pero mientras los domina una parte muy pequeña de la humanidad, amplias mayorías ni siquiera entienden lo que está pasando. Es una fuente potencial de enojo, frustración y tensiones políticas. Para que los beneficios se compartan de forma más equitativa, necesitamos invertir en una mejor educación, que los gobiernos regulen y que los partidos se pongan a la altura. Necesitamos más personas y mejor informadas, que se involucren en la conversación sobre qué hacer y cómo evitar los escenarios más peligrosos.

Bonus track: el mundo infinito de will.i.am

Las otras luces de Converge se posaron sobre will.i.am (William James Adams Jr.): músico, productor, innovador, futurista y emprendedor tech. Ganador de premios Grammy, Emmy y CLIO, el frontman de Black Eyed Peas también es un inversor entusiasta en tecnologías de inteligencia artificial.

En este bonus track, tres destacados de una mente inquieta.

8 El arte y la programación La industria de la música es tecnología. El Grammy es un gramófono, que inventó Thomas Edison. La radio y la televisión hubieran sido imposibles sin Tesla. Nuestro contenido viaja en plataformas construidas por tecnólogos legendarios, que supieron cómo multiplicar y compartir las ideas. ¿Qué se necesitó para programar la música que sale de mis dispositivos? ¿Cuántos pasos hubo que dar para llegar a la versión final? En 2007 le dije a Jimmy Iovine [cofundador de Interscope Records] que teníamos que fabricar hardware. Ser parte de Beats [empresa de auriculares y parlantes, que más tarde sumó servicios de streaming] cambió mi vida.

9 Humanizar al algoritmo La inteligencia artificial está en todas partes. Ayuda a revisar lo que escribimos, a mejorar nuestras fotos, a optimizar nuestras búsquedas. Con las ganancias de Beats [will.i.am era uno de los tres propietarios de la compañía cuando Apple la compró por 3,2 billones de dólares], empecé a armar equipos de desarrolladores de software para interactuar con la máquina en formas más humanas. Facebook te vende cosas porque te entiende mejor que tu gobierno, tu mamá, tu cura y tu psicólogo. ¿Por qué no podría usarse el mismo motor predictivo para enriquecer mi vida y la de quienes me rodean? Necesitamos computadoras que entiendan el lenguaje natural. Necesitamos programación y reconocimiento facial, no sólo para desbloquear el teléfono sino para desbloquear nuestra vida.

10 Una nueva educación Estamos al comienzo de la Cuarta Revolución Industrial. Los años 2030 y 2040 serán un tiempo completamente diferente. La mayoría de los vehículos serán autónomos, los cheques usarán inteligencia artificial, en [la cadena de supermercados] Whole Foods trabajarán máquinas en vez de personas. Con la pérdida de esos puestos, el mayor impacto caerá será sobre los chicos de los barrios marginados. ¿Vamos a esperar a que la gente que programa y hace los algoritmos sea empática con ellos? Mi interés en la tecnología y la educación [su Fundación i.am/Angel apoya programas especializados en ciencia, ingeniería y matemáticas] pasa por tener en mente a esos chicos. Con las habilidades para diseñar y crear los trabajos de mañana, podrán encargarse de estos problemas por sí mismos.