#Opinión ¿la nueva política? Por Carlos Acosta

Vinieron a oxigenar un ambiente viciado de muchas cosas, vinieron a renovar, a resignificar la política. Pero para concretarlo y ser alternativa no alcanza con declamarlo, hay que demostrarlo. En charlas informales con gente que trabajó en la comunicación del PRO, diría casi desde sus inicios, vieron en Jaime Durán Barba un obstáculo para desarrollar bien su trabajo. Debo reconocer que pensé que era una sobreactuación, producto de las internas que siempre se dan en la política. Pensé que el exabrupto sobre la valoración de Hitler era un camino sin retorno. Pero no fue así. Los comentarios sobre sus consejos a no ampliar la base del espacio para tener posibilidades presidenciales lo mostraron como un miope político importante. Es desconocer al país, su historia, su política.

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Estos últimos días con las declaraciones sobre la probable enfermedad de Federico Pinedo, la subestimación política de Gabriela Michetti, más algunas de sus consideraciones en la nota de La Nación del sábado pasado “Políticos en el diván” torna inentendible su rol en un partido que juega su futuro en un par de actos comiciales.

“No tengo idea sobre publicidad”, “no me interesa la publicidad”, “el Pro es un partido de nueva izquierda” y decir que se guía por lo que dice su nieto de siete años es tomarles el pelo, en principio, a quienes le vienen pagando muy buenos honorarios desde hace 10 años. Seamos honestos, si gana Mauricio no sería por, sino a pesar de Durán Barba.

La comunicación no es determinante para ganar, pero sí lo puede ser para sacarte de pista en una elección. Nadie puede pensar seriamente que Ramiro Agulla fue un factor decisivo en el triunfo de De la Rúa o en el de De Narváez contra Néstor en el 2009.

Llegar a una presidencia es una construcción de la que participan muchos. La nueva política debería saberlo. Y como siempre, en este caso también la culpa no es del chancho (Jaime) sino del que le da de comer (Mauricio).