Luis Novaresio contra la vanidad


Las trampas de la grieta y los peligros de la profesión. La batalla entre la relevancia y el minuto a minuto. La posverdad en la era macrista y los secretos de la entrevista con Cristina. El periodista rosarino hace un recorrido extenso e intenso sobre la actualidad caliente, sin perder el foco sobre una fase crítica del periodismo argentino. TXT Pablo Corso. PH Mariana Roveda

 

A Luis Novaresio le gustan los números impares: todas sus alarmas están alineadas con ese pequeño TOC. Se levanta a las 4:01 y llega a la radio a las 5:15 REVISAR. NO SE ENTIENDE, aunque el ritmo febril de su día suele marcar hitos pares, como el fin del pase con Luis Majul –9:30– y la columna para LT8 de Rosario –10:30–. Después de su nota para Infobae TV y el corte vespertino (“intento vivir”, explica), la jornada cierra con colaboraciones en Intratables, Animales Sueltos o donde lo lleve la noticia. Los fines de semana escribe en La Capital y el mendocino Diario Uno, para terminar con Debo decir, los domingos a la noche por América. Cuando sale del aire, sólo le quedan cuatro horas –y un minuto– para empezar todo de nuevo.

Una semana así sería imposible para cualquiera que no se tome su trabajo con pasión y autoconciencia. Dos condiciones que hacen del periodista rosarino una voz autorizada para hablar de esta fase crítica del oficio (al que llama profesión), la actualidad nacional (con sus traumas recientes y sus crisis cíclicas) y los personajes que mueven la aguja de la política y la opinión pública.

 

¿Cómo describís el momento del periodismo? Es muy malo en casi todos los aspectos: la crisis económica, la concentración de medios y el propio ejercicio de la profesión. Estamos en el momento de mayor vanidad y egocentrismo que se haya vivido en muchísimo tiempo, lo cual traslada el foco a las personas y no a lo que estamos contando. Detesto la palabra pero sigue siendo la más gráfica: la grieta es un reduccionismo fundamentalista para no pensar. Descalificar al otro por prejuicios antes de por lo que está diciendo. Los periodistas la hemos favorecido. El ida y vuelta con el poder ha pervertido bastante nuestro laburo.

Ese vínculo siempre fue el gran tema del periodismo. ¿A qué atribuís que esté particularmente mal ahora? Creo que Néstor Kirchner entendió un concepto muy interesante: poner en crisis la credibilidad de los periodistas. En las encuestas de confiabilidad de los ’90 la primera institución que aparecía era la Iglesia y después el periodismo. Y se turnaban. Néstor se dio cuenta de que eso lo iba a incomodar. El llamado a la reflexión no estuvo del todo mal; el punto es que después se transformó en una guerra del poder con los medios y entre nosotros mismos. Tomar la grieta personalmente fue un error garrafal.

 

¿Hay vuelta atrás en el hecho de que la sociedad perciba a los medios como actores interesados? Creo que la va a haber con el paso del tiempo. Si esto fue iniciado por Néstor y exacerbado por Cristina hasta el paroxismo, hoy continúa. Aquel gobierno encontró una herramienta de construcción política en el enfrentamiento con los medios. No lo veremos nosotros, pero con el paso del tiempo esto se irá decantando y mejorando. Por ahora está en crisis.

 

¿Por qué no hay empresarios periodísticos? Objetivamente se terminan. De mis 31 años de trabajo, 25 los trabajé en una empresa de comunicación en Rosario, cuyo dueño era Alberto Gollán (del Grupo Televisión Litoral: Canal Tres, Radio 2 y FM Vida). Sólo hacía medios. Esto era una impronta, con cosas buenas y de las otras. Con la masificación del discurso mediático, otras personas vieron que los medios eran una herramienta de construcción de poder para cuestiones que tenían que ver con sus objetivos empresariales. Pero cuando trabajás en el medio de alguien que tiene trayectoria periodística, se nota mucho. Toco la puerta y los encuentro, están en el día a día. Me pasa con Daniel Vila y con Daniel Hadad.

 

¿Qué medios o periodistas te gustan en este momento? Primero vamos a tratar de desacralizar la mirada. Los periodistas tendemos a preguntar: “¿Le creés a tal político?”. El verbo “creer” se aplica a las religiones, supone una aceptación dogmática. [En el periodismo] es un disparate. Coincido con algunas cosas, con otras no. Tengo admiración por muchísimos periodistas. Magdalena [Ruiz Guiñazú] me sigue pareciendo un ejemplo de persona y de laburo. Gente de mi generación, como María O’Donnell y [Gerardo] Tato Young. A Hugo Alconada Mon siempre es muy interesante leerlo. A [Mario] Wainfeld lo leo con atención, desde mi discrepancia, pero me parece un tipo riguroso, indiscutido a la hora de escribir.

 

Los medios masivos tienen dificultades para informar en profundidad y llegar a la sociedad respecto de temas complejos como Panamá Papers, causas de corrupción, asuntos económicos… ¿Cómo se hace para cambiar eso? En la tele y en la radio –pero especialmente en la tele– existe un editor siniestro e inapelable que se llama “minuto a minuto”. Destroza cualquier criterio de importancia, trascendencia, pedagogía…

 

Algo que se está trasladando a las webs. Bueno, yo trabajo en una donde el click counter está todo el tiempo. Llegás a Infobae y tenés una gran pantalla que te muestra cuáles son las notas más y menos clickeadas. Esto es un problema severo. Estoy a favor de la abolición del minuto a minuto en las señales o los contenidos de noticias: es perverso lo que está sucediendo. Creo en la necesidad y la función social de que determinados contenidos periodísticos sean contados porque son importantes. Cuando vine a trabajar en Buenos Aires murió Elizabeth Taylor. Estaba en C5N, solo de 10 a 13, sin mi compañera ni la periodista de espectáculos. Fueron 1:40 sin cortes hablando de eso, en horario central de la mañana de noticias. Eso es la tele de hoy.

Periodismo y posverdad

A fines de 2016 el Diccionario de Oxford dio el empujón definitivo al término “posverdad”, que empezó a copar todos los análisis sobre lo que le pasa nuestras mentes en el juego con los medios y las redes. La “palabra del año” describía al fenómeno por el cual “los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales”.

 

¿El término tiene que ver con estos últimos años del periodismo o con la aparición de algo nuevo? La dificultad de contrarrestar una emoción generalizada está muy instalada. No se puede ni con los hechos. Aunque digas “no existe”, para muchos existe. La condena del caso Natalia Fraticelli fue que no la mataron los padres. Pero no hubo modo [de contrarrestarlo]. Eso hoy se ha transformado en lo cotidiano.

 

Queremos creer lo que resulta más cercano a nuestro sistema de pensamiento. Es más cómodo y muchísimo menos perturbador. En un país tan agrietado como el nuestro, donde esencialmente se trata de “estás a mi favor o estás en mi contra”, es casi inevitable que la posverdad florezca como está floreciendo. Te instala en un lugar de tranquilidad espiritual: “No me vengan a cuestionar demasiadas cosas”. Se relaciona con lo que hablábamos: el uso del verbo “creer” por sobre el “pasó” en los relatos periodísticos.

 

¿Cómo debería formarse hoy un periodista? Por de pronto, en un esquema absolutamente distante de la mayoría de las universidades argentinas de periodismo. Su mirada sobre la profesión tiene una cuota tan grande de resentimiento hacia quienes trabajan en los medios, que nubla el concepto de cuáles son las herramientas básicas del periodismo. El 80% de quienes enseñan ahí nos detestan y desprecian. Yo soy un fanático de la enseñanza enciclopedista. Ser estudiante es una de las últimas instancias para abordar un montón de saberes que de otra manera no vas a conocer.

 

¿Recomendarías estudiar Ciencia Política, Sociología, Psicología? ¡Obviamente! Y Derecho… Por deformación profesional, me sorprende mucho la ignorancia de la mayoría de los periodistas sobre la cuestión, que atraviesa el 90% de nuestra información: procesos, licitaciones, abusos… Y el Derecho pone en crisis de todo lo que se discute. Tenés la teoría ortodoxa, la heterodoxa y la híbrida, lo cual te obliga a saber argumentar en tres sentidos distintos. Esto de que la mitad de la biblioteca dice una cosa y la mitad otra es rigurosamente cierto. Nada está dado sino hasta que puedas conocer las dos posiciones y formar la tuya.

 

La puesta en duda. Que es la base del periodismo. La curiosidad. Y sobre todo la vocación de saber. Son los tres motores esenciales.

¿De qué otra manera se construye una mirada crítica? Desde la humildad. Sin partir de la base de la verdad revelada sino de intentar conocerla, de construir un concepto de verdad. Nosotros tendemos a adjetivar antes que a sustantivar. Y es muy difícil bajarse de un adjetivo. ¿Cómo me bajo de “tremendo crimen”? Peor aún: ¿cómo me bajo de “Mataron al fiscal Nisman” o de “Se suicidó”?…

 

Medios en la era M

Después de tomar las riendas del Ejecutivo con la promesa de ser todo aquello que el kirchnerismo no era (y viceversa), el macrismo lleva dos años de una gestión que transformó el terreno mediático: desde el trato con los periodistas hasta las intervenciones en las políticas comunicacionales, pasando por una alteración sensible en las relaciones de poder con las empresas más influyentes.

 

¿Qué evaluación hacés desde el 10 de diciembre de 2015? Algunas cosas me parecen interesantes, otras no. Es un gobierno con corcoveos pero que se banca el juego de las instituciones. Lo cual no es poco después de uno que tuvo una vocación autocrática muy notoria. Es un gobierno sin calle, extremadamente teórico y de laboratorio. Siento que no tiene vocación patriótica, en el sentido épico de la palabra, de plantear: “Asumo cuatro años, hago todo lo que hay que hacer y me voy a mi casa. Aspiro a quedar en la historia, no en el Clarín del domingo”. A este gobierno le gusta mucho quedar en el Clarín del domingo. Por otro lado, tiene muchísimo más respeto por la libertad de expresión. Es más normal en el vínculo con la prensa y el acceso a la información.

 

Aunque le falte calle, es muy efectivo en la lectura del sentido común y ciertos humores sociales. Se ve mucho en la ciudad, con temas como el espacio público y las mascotas… …Que funcionan estupendamente. También hay que entender que nosotros somos muy sesgados. Hay cuanto menos tres realidades, con tres miradas distintas: la Capital Federal y un par de grandes centros urbanos, las provincias con cierto desarrollo y el resto del país. Creo que Macri tiene razón cuando habla del círculo rojo. Es de mucho impacto pero no representativo del común.

 

¿Cómo gestiona la grieta este gobierno? Le comprenden las generales de la ley de todos los que ejercen el poder en cualquier ámbito: no toleran la crítica de los periodistas. No confían, no los quieren y recelan todo el tiempo de ellos. Hay que hacer enormes salvedades respecto del gobierno anterior. Sin embargo, a la hora de la construcción de poder, sigue utilizando el fenómeno de la grieta.

 

¿Se puede hablar de una estrategia comunicacional? ¡Sí! Probablemente sea lo que tengan mejor desarrollado: cómo auscultar, cómo responder… Trascendió una suerte de parte diario de ideas que se quieren transmitir y que bajan a sus funcionarios [“No hay que tratar de convencer al periodista de algo. Él está ahí, no es ni malo ni bueno. Si intentan convencer al periodista, pierden. No lo van a convencer nunca”, instruyó Jaime Durán Barba dos meses antes de las PASO]. Eso se llama Marcos Peña. Es un tipo inteligente, definitivamente. Tengo una relación un tanto ríspida con él (se molestó mucho cuando hice míos los dichos de Laura Di Marco en la biografía M: “Marcos Peña detesta a los periodistas”), pero la verdad es que hay acceso. Lo llamás y podés conseguir información.

 

¿Cómo evaluás la cobertura de los hechos del gobierno macrista? (Piensa) Me parece que tiene un saldo bastante razonable. No comparto la idea de que haya un blindaje mediático. Me parece un disparate fenomenal. El kirchnerismo pone como ejemplo “a mí me hacían…”, lo cual demuestra que en todo caso el blindaje lo reclamaban ellos. Sí hubo consideraciones en el primer tramo. Es un gobierno nuevo, no peronista. El último gobierno no peronista que terminó el mandato fue el de Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928). Muchos miramos con atención esa referencia.

 

Una cosa es el blindaje y otra el sesgo, las líneas editoriales. El blindaje sería no discutir si Patricia Bullrich encubrió o no a la Gendarmería, no hablar de Panamá Papers… No me gustan las autorreferencias, pero al jefe de Gabinete se le preguntó por qué se amplió por decreto la facultad de ingresar en el blanqueo a familiares del Presidente. Que eso después esté más o menos en los medios es otra cuestión.

 

¿Alguna cobertura que te haya resultado buena de los últimos temas calientes? En todas las causas de Comodoro Py, Alconada y La Nación, o Daniel Santoro [en Clarín], han sido irreprochables. Del tema [Santiago] Maldonado, nobleza obliga, creo que Página fue el primero que se detuvo en decir: “Acá hay algo más que un mero hecho policial”.

 

En ese caso hubo una diferencia importante entre los periodistas que estaban el terreno y los que se quedaron en la redacción, en una dinámica traccionada por medios muy chicos. Ahí están las ventajas de las redes y los medios alternativos. Esto mató el concepto de primicia. ¿Quién puede decir hoy que tiene la primicia de algo? Damián Pachter contó en 140 caracteres, sin la estructura de Infobae, Clarín o La Nación, que había muerto Nisman. Las estructuras te dan profundidad, pero un medio más pequeño puede instalar la necesidad de que en la agenda periodística no se obvie un tema.

 

El entrevistado agradece y sale a la calle para enfrentar lo que queda del día. Lo esperan el intento de vivir y el fuego cruzado de la televisión abierta. La charla duró 41 minutos. A Novaresio le gusta esto.