#Editorial114. Por Carlos Acosta

Cuando fundamos Reporte Publicidad lo hicimos con la convicción de que podíamos generar un espacio periodístico para analizar y difundir trabajos profesionales que resultaran relevantes. No era lo que prevalecía en esos tiempos y, en honor a la verdad, tampoco en estos. Tuvimos que romper ciertos paradigmas que contenían la lógica nota-aviso y la información sin opinión. Así fue que en Cannes de los ’90 encontramos un lugar de relevancia para la publicidad y para agregar valor al espíritu de nuestro trabajo, que nos diferenció y nos permitió como medio liderar la actividad desde una mirada amplia e independiente. En Cannes se libró una batalla durísima en la que la creatividad pudo demostrar para adentro de las agencias, y especialmente para afuera, para los anunciantes, la enorme eficacia que tiene la creatividad en la elaboración de los mensajes publicitarios, que las agencias no son empresas de servicios sino de contenidos y que las marcas se benefician enormemente cuando los esos contenidos son de calidad. No sólo había que hacer publicidad, sino publicidad con buena creatividad. Y Cannes fue un lugar que sirvió, y mucho, para que esto se lograra.
Muchos fueron los lugares que fueron multiplicándose pero, salvo Clio Awards por su historia y exigencia, la mayoría fueron herramientas para generar negocios que poco aportaron a la excelencia que debe tener la actividad y fundamentalmente a su razón de ser: generar buena comunicación para las marcas y las empresas. Hoy Cannes ya no es el único lugar de presencia obligada. El South By Southwest, SXSW, que se desarrolla en Austin, Texas, es un festival con 30 años de vida pero que en los últimos años se consolidó como espacio en donde se establece la agenda en términos tecnológicos y de comunicación. Si Cannes es creatividad, Austin es innovación. Pero ni creatividad ni innovación son un valor en sí mismo sino que deben estar en un contexto pertinente. Vivimos un momento en que todo es incertidumbre y necesidad de conocimiento, por eso nos metimos como único medio especializado buceando entre la enorme propuesta del SXSW y ratificando nuestro liderazgo periodístico.
En este informe convertido en nota de tapa compartimos nuestro recorrido por un festival que ofrece más de 200 opciones diarias de contenido, entre paneles de expertos, workshops, trade shows y keynotes con temas y protagonistas tan ubicuos como la tecnología misma. ¿Cómo debería ser mi identidad digital? ¿Qué puedo aprender de las grandes tech brands? ¿Por qué Slack se impuso como la aplicación de moda para trabajar en equipo? ¿Cómo construye audiencias Buzzfeed y por qué logra 600 billones de visitas mensuales? ¿Cómo se está usando la big data en The Washington Post? son algunas de las preguntas que intentó responder Austin.
El culto a la novedad también es un riesgo, y el rol del periodismo es estar atento a diferentes miradas, por eso en esta edición sumamos el pensamiento de Alejandro Katz, filósofo y ensayista, quien comparte una mirada crítica e inteligente de lo que significa esta revolución tecnológica en nuestras vidas. Para Katz, la discusión sobre la tecnología es muy compleja porque nunca es una reflexión nueva sino que es parte de una conversación en marcha desde hace cientos de años. La tecnología como extensión de los sentidos, el utopismo tecnológico, los matices, las batallas del hombre y el destino común son algunos de los temas sobre los que este pensador nos invita a reflexionar evitando los lugares comunes. Para nosotros es un orgullo que pueda hacerlo desde nuestro medio.
Es permitente sumar en este editorial las consideraciones del propio Papa Francisco, ya que involucra directamente a la comunicación y a lo que Katz analiza como el sesgo cognitivo. El Papa no dudó en definir Internet “como un Don de Dios” pero no se privó de manifestar algunas dudas sobre “la velocidad con la que se suceden las informaciones, que supera la capacidad de reflexión y de juicio”, y advirtió del riesgo “de encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos”.
Personalmente me resultaron muy esclarecedoras algunas reflexiones de Martín Caparrós, publicadas hace algunas semanas en la revista de La Nación, donde manifiesta que “Internet tuvo infinitos efectos. Hay una auditoría instantánea que es interesante, porque produce una tensión por la verdad. No hay manera de sanatear y me parece bueno. Pero también tiene consecuencias bastante negativas, como el hecho de que hay muchos periodistas que no van ni a la esquina. Quieren saber si llueve y entran en el Weather Channel”. A Caparrós le llamó la atención que lo más leído del fin de semana de la versión digital de un prestigioso periódico de Madrid fuera una nota sobre Kim Kardashian, o textos del estilo “Leyes para hacer un buen filete a la plancha”. “Existe la tentación de ofrecer cada vez más de esto, porque te da clics. Tenemos que revisar eso que nos enseñaron sobre que el periodismo es contar aquello que alguien no quiere que se cuente. Cada vez más creo que el periodismo es contar aquello que alguien no quiere que le cuentes. Hay que hacer periodismo en contra del público. Creo que vale la pena seguir buscando lo importante”, afirma Caparrós muy acertadamente.
Hace tiempo ya que desde Reporte Publicidad reivindicamos la atención y la lucidez como valores periodísticos, tanto como la investigación y la propia innovación. Por eso no dudamos sobre cuál debería ser el tema de tapa, y no contando algo de un lugar en que no estuvimos sino estando ahí. Pero a pesar de ello, no vamos a subirnos a una ola que el lobby de algunas empresas plantean con un discurso desplazatorio más que complementario. El periodismo que se precie de tal tiene la obligación, dentro de sus posibilidades, de plantear la separación de la paja del trigo.
Finalmente decimos, una vez más, que desde Reporte Publicidad vamos a reivindicar el rol de los medios como un espacio donde las categorías, las empresas y sus marcas puedan comunicar sin dejar de dar nuestra mirada crítica. Diciendo siempre desde dónde hablamos, tenemos la obligación de establecer jerarquías y de que siempre tiendan al bien común. No sólo porque ética y moralmente corresponda, sino porque, como ya nos demostró la historia, también es conveniente para todos y todas.

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