Editorial. Sobre el día del periodista

Por Carlos Acosta

El rol de periodismo ha ido tomando una importancia fundamental en la vida política de los últimos años en la Argentina. Mucho tuvieron que ver algunos medios a fines de los 90 en lo que fue la conformación de la Alianza que derrotó al peronismo, recordando claro que el Menemismo había liquidado cualquier posibilidad de continuidad en la Nación, pero no lo suficiente como para perder en la provincia de Buenos Aires. La gente adoraba (y adora) a Graciela Fernández Meijide pero no tanto como para consagrarla gobernadora de un terruño tan difícil como el de la provincia de Buenos Aires. Yo diría que la Alianza nació en un set de televisión y me animaría a decir que en el de “Hora Clave” de Mariano Grondona.

Tiempo después, ya en los 2000, la dialéctica kirchnerista, decidió repetir su experiencia patagónica a nivel nacional y ubicar a los medios y también a los periodistas en el centro de su discusión política. Los periodistas fueron objeto de todo tipo de ataques y de manera deliberada los culpaban de todos los supuestos males que le adjudicaban al gobierno. Desde “Clarín miente” hasta “nosotros no necesitamos de los medios para gobernar”, o “no necesitamos intermediarios entre nosotros y el pueblo”. Paradójicamente buscaron fallidamente la conformación de un ejército mediático propio donde la TVP, Cristóbal López, y el dúo Szpolsky – Garfunkel alimentados por una obscena pauta oficial quisieron manejar la agenda pública y no pudieron. Es que la comunicación requiere dinero pero fundamentalmente talento. Y además, a la media y a la larga, siempre lo que trasciende es la realidad, mucho más ahora con la explosión de las redes sociales.

El trabajo realizado por parte del periodismo en la última etapa del gobierno de Cristina fue determinante para saber cuál iba a ser realmente el sentido de la elección. La investigación, el análisis y la opinión permitieron a la opinión pública tener una alternativa al relato oficial y cotejar, pensar y elegir.

Hoy el periodismo atraviesa un momento de enorme decisión…hasta dónde ir para no volver al camino del infierno. En este escenario obviamente no incluimos a la militancia K, ya que por defensa política, económica, o judicial seguirán en su furibunda y melancólica tarea de trabajar para el retorno. El tema es el otro periodismo. El que no debe dejar de hacer periodismo. Algunos por los nuevos intereses que asoman de manera más nítida y menos pudorosa, otros por temor o exceso de prudencia, podrían estar generando un blindaje pero para el éxito de este gobierno (que la mayoría de los argentinos desea) la crítica sincera es mucho más que saludable. Es imprescindible.

Los periodistas debemos hacer lo que muchas veces exigimos a otros. Evitar la militancia pro o anti. Política o religiosa. Anteponer el sano ejercicio profesional ante los narcisismo personales y recordar, como un homenaje a la desaparición de la grieta, las palabras del General Perón “la única verdad es la realidad”. Quizás recordarlo de vez en cuando nos puede devolver la condición de ciudadano que es la más honrosa de las condiciones.

Un párrafo final para el periodismo publicitario. La especialización no puede hacer perder el foco de lo que es la naturaleza del periodismo. Lo hacemos o no lo hacemos. Podemos tener un medio de comunicación pero no necesariamente estamos ejerciendo el periodismo. Si no investigamos, informamos, analizamos, criticamos, nos rebelamos y vamos siempre un poco más allá, no estamos haciendo periodismo. Hacemos propaganda o publicidad, no está mal. Es otra cosa.