#Editorial #Com&Política

Por Carlos Acosta. Importantes analistas políticos ya empiezan a comentar algunas preocupaciones que existirían en parte del gobierno de Mauricio Macri, (que según mi opinión responden al ala más sensata), sobre la eficacia de la comunicación “persona a persona” a través de las redes sociales fundamentalmente en el ámbito de la política.
Con un criterio muy parecido a los K, donde la prescindencia de los periodistas manifiesta claramente una actitud que pudo haber sido útil en la reelección de Obama pero lejos de poder tomarse como una tendencia o una receta magistral excluyente. Y lo que preocupa es lo excluyente. En épocas como la que vivimos, juntar voluntades que acompañen y mover los productos en las góndolas son tareas para hoy. Hay que vender hoy y generar climas políticos y sociales. Se gobierna para hoy porque si fallamos, el mañana no llega nunca. Así es la política.

Observaba con agudeza en su cuenta de Twitter el colega Diego Dillenberguer que la noche del domingo en TV entre Majul, Lanata, Navarro y Novaresio casi llegan a 30 puntos de rating solo en CABA y GBA. ¿Se puede subestimar esta enorme cifra de ciudadanos a los que les interesa la política y que colaboran en el humor social que está cada vez más complicado? ¿A la gente no le importa la política como dicen Peña y Durán Barba? ¿Alcanza con las redes sociales? También señaló Dilllenberger que desde que Alejandro Fantino en Animales Sueltos reemplazó a las modelos por la política duplicó su audiencia. ¿Sirve para una lectura que exceda al equipo de comunicación? Está claro que son los medios masivos los que instalan la agenda tanto en radio y TV y la gráfica. El papel sigue por ahora ocupando un rol central en este tema, más allá de que las redes sociales pueden operar de disparadores y las web de informadores. Pero se gobierna para hoy fundamentalmente en un país donde el gobierno heredó un infierno y tardo seis meses en reconocerlo.
Este fin de semana decidí analizar cuantitativamente el contenido de dos diarios nacionales como Clarín y La Nación. Algunos datos: Sábado Clarín: entre cuerpo principal y suplementos 224 páginas de las cuales 90 eran de publicidad paga. La Nación tenía su cuerpo principal dividido en dos por su tamaño y cantidad de páginas, sumadas éstas a sus distintos suplementos llegaban a 126 con 62 de publicidad paga. En ambos casos habría que sumarles los avisos clasificados. El domingo Clarín tuvo en total 188 páginas con 59 de publicidad y La Nación 122 con 38 de publicidad. Empresas como Falabella, Easy y Carrefour, entre otras, insertan folletos de hasta 40 páginas en algunas de sus ediciones.
Se puede y deben investigar los cambios que tuvieron el contenido de los diarios, su circulación, el perfil de lectores o televidentes en caso de la TV, y las categorías de los anuncios, pero lo que no se puede de ninguna manera en política es alegremente descartarlos, subestimarlos. Haber agregado un listado de quienes son los anunciantes de ambos diarios y que pautaron los periodísticos de TV poco habría aportado ante argumentos tan contundentes. Los anunciantes no tiran la plata, miden internamente, privadamente y usan lo que les sirve de manera pragmática, pero sí hay algo que me parece destacar: entre las decenas de anunciantes de distintas categorías solo aparece un aviso de AFIP y otro de ANSES. Cuando alguien publica un aviso no solo piensa en esa puntual difusión del mensaje. Es algo que se aprende con el tiempo y con la observación política y el trabajo de campo.
Preocupa la fragilidad comunicacional que viene demostrando “el equipo”. Erraron el diagnóstico, equivocan el mensaje, se enamoraron de herramientas que son útiles, pero despreciando a otras que ya demostraron su eficacia.  No me preocupa que mil profesionales gubernamentales sean coucheados para que digan todos  lo mismo. Me preocupa que quienes bajan línea, aunque digan lo contrario, no estén a la altura de las circunstancias en un país en recesión y con doce millones de pobres. Me preocupa un equipo sin Agullas, sin Mercados, sin Savaglios, sin gente con experiencia. Me preocupa