#editorial

Por Carlos Acosta. Cuando recibas la revista estaremos seguramente contando votos. Es algo que ocurre con frecuencia en la Argentina, lo que nos obliga a vivir casi en campaña. Y a la vez nos exige una revisión del sistema electoral que no obstaculice la tarea de un gobierno.
Para alguien como yo, nacido en 1952 y que pudo votar por primera vez a los 31 años, en 1983, ya que en el ’73 me encontraba bajo bandera, puede sonar paradojal. Pero si bien amo la política, no puedo dejar de señalar que ésta debe estar subordinada a las necesidades del país. Y como decía el general, “en su medida y armoniosamente”. Está claro que la democracia sigue siendo el mejor sistema político conocido. Que el voto directo es la herramienta más útil y que la política es casi todo y que todo es política.
En este aspecto el periodismo juega un papel importante. Es algo que excede al rol de los medios, donde política y empresa interactúan casi dialécticamente. En los ’90, cuando el mapa mediático no estaba tan amontonado, fueron periodistas los que denunciaron los escandalosos negociados del menemismo. Fueron ellos los que pusieron la lupa en el Swiftgate, Miguel Angel Vico, la servilleta de Corach, Matilde Menéndez, el Yomagate y tantos otros episodios que pusieron en evidencia la corrupción M1.
Los antecedentes K en el pasado santacruceño indicaban que tenían planes propios para su relación con los medios, y su luna de miel se cristalizó cuando Néstor autorizó la fusión CableVisión-Multicanal. Pero como les pasa a los matrimonios, también en estas relaciones se generan crisis y muchas veces profundas, como se verificó a partir del conflicto con el campo, cuando se pasó del amor al odio y de la paz concertada a la guerra sin cuartel. El ejemplo más palpable de esta nueva realidad fue el intento de la Ley de Medios.
Si bien la escala y el perfil de los hechos enunciados ha cambiado, es muy difícil que un gobierno nacional pueda mantenerse al margen de las operaciones (sean ciertas o no). Pero también es muy importante en este momento, aquellos que pudieron evadir la grieta poner en evidencia hechos que obligaron a M2 a rectificar o directamente anular maniobras, más allá de que algunas siguen escondidas o tapadas.
Esta realidad pendular que vivió y sigue viviendo la Argentina dio origen a la grieta que muchos de los periodistas que la sufrieron siguen alimentando con sus posiciones extremas y casi militantes. Periodismo y militancia, dos características absolutamente incompatibles; más allá de que si todo es política, todos tenemos una posición frente a la vida y sus diversos aspectos.
¿La grieta ayuda? Decididamente no. El resultado es desnaturalizar el espíritu del periodismo, que consiste en contar, investigar, decodificar, contextualizar, analizar, opinar, recordar, proyectar y pronosticar con la mayor independencia posible, algo que sólo garantiza la buena leche. Teniendo en cuenta que para nuestro saber y entender el periodismo es uno solo y que puede ser económico, político, deportivo y también publicitario, es un buen momento para pensar en qué parte nos toca en las generales de la ley.
Este Cannes nos da una excelente oportunidad para salir de los listados de ganadores, los rankings, y las declaraciones de compromiso, donde abundan los lugares comunes, las gacetillas. Pocas veces mientras se desarrolla un festival como Cannes uno de los grandes grupos de comunicación del mundo publicitario tira una bomba como lo hizo Publicis. ¿La noticia? Durante todo un año no participarán de ningún evento publicitario, incluyendo festivales. Y esto lo dijeron en Cannes. Esa inversión será volcada al desarrollo de una plataforma de inteligencia artificial bautizada con el nombre Marcel, que conectará a los 80 mil empleados de Publicis en el mundo.
El periodismo que se precie de serlo no debería comprar alegremente lo que se informa a través de un comunicado oficial, y tiene la obligación de analizar el contexto para acercarse, en este caso, al verdadero motivo de semejante decisión que involucra a todo el mercado publicitario. Consultamos a importantes referentes de la publicidad, tanto nacionales como internaciones, sobre esta decisión; algunos prefirieron no responder, y agradecemos mucho a los que se animaron a hacerlo.
Fernando Bellotti, a cargo de la operatoria de Publicis en nuestro país, ante nuestra consulta manifiesta en principio “estar completamente de acuerdo con la decisión del Grupo (más allá de la pausa en festivales por un año) de invertir recursos en las nuevas posibilidades que la tecnología ofrece para potenciar el proceso creativo y ayudar a la gente talentosa que tenemos a ser más relevante, efectiva y eficiente en la búsqueda de ideas. Porque, en definitiva, lo nuestro es un negocio de ideas”.
Se comenta que la inversión directa de Publicis en Cannes supera largamente los 20 millones de euros anuales. ¿Hasta dónde lastima al festival, y no sólo económicamente, esta decisión de Publicis? ¿En qué contexto decide esto un grupo cuyas ganancias declaradas en el año 2016, según su sitio web, superaron los 9.700 millones de euros? ¿Era necesaria una decisión tan extrema?   ¿Qué le están queriendo decir a su propia tropa, al negocio en general y a Cannes en particular? ¿Hay un subtexto que deberíamos leer?
Contexto y subtexto. Imprescindibles para acercarse a entender la realidad, que generalmente es compleja. Un desafío que tenemos los que hacemos periodismo en un escenario en el que la prepotencia de la nueva economía no viene a sumar sino a reemplazar. La inversión es una sola y por eso las marcas deben pensar muy bien dónde ponen su plata, y pensar que no hay futuro sin presente.
Cannes y su laberinto. Es nuestro tema central de la edición post Cannes. Te contamos todo lo que pasó realmente en esta edición del festival. Ganadores, nuevas tendencias, testimonios… y además intentamos develar otros aspectos que, como ya dijimos, pueden ser políticos y pueden impactar fuertemente en la economía de todo el negocio.