Don Pascual nos demostró que algunas marcas pueden tener alma.

Por Carlos Acosta. La ciencia avanza a pasos agigantados y esto también viene incidiendo en el desarrollo del marketing moderno. Todo se ha tornado tan sofisticado que ha logrado darle contundencia a algunas certezas pero también ha generado nuevas incertidumbres. Si no fuera así, con tantas herramientas disponibles, no existiría el fracaso. Si uno hace foco en las marcas que han sido relevantes a lo largo de la historia podremos advertir que son aquellas que transmitieron algo que excede el producto o servicio que ofrecen. La Serenísima es un caso emblemático que desde años es elegida como “la marca preferida de los argentinos” en encuesta seria que se realice.
Hace cinco años, al recibir el premio Clarín como la marca más importante del país, Don Pascual Mastellone se definió fundamentalmente como un gerente de marketing de la compañía. No fue un dato menor, habiendo sido el hacedor de una empresa con marcas exitosas con impronta propia, en épocas globales donde sobran “gurúes y masters” pero faltan profesionales que puedan darle alma a las marcas. Claro, en esto no hay espacio para los proyectos cortos y hay que ponerle la vida. Con la muerte de Pascual Mastellone, perdimos uno de los grandes referentes.

Pascual Mastellone