#Bienal de Arte de Venecia 2017

Por Hugo Petruschansky desde Venecia. Se inauguró a mediados de mayo la edición 57ª de la afamada Bienal de Arte de Venecia. Como lo venimos haciendo desde hace muchos años, Reporte Publicidad estuvo presente en la más prestigiosa, criticada, amada y vapuleada “fiesta” de las artes visuales del mundo.

En esta ocasión la curaduría general de la muestra fue responsabilidad de Christine Macel, jefa de curadores del Centro de Arte Georges Pompidou de Paris. Contó con 86 participaciones nacionales, a las que cada dos años se adhieren algunos países nuevos, como en esta edicion Antigua y Barbuda, Kiribati y Nigeria. Todos tratan de mostrar a los artistas más relevantes de cada delegación anhelando lograr algún mérito, alguna nota laudatoria y tal vez el interés de algún museo o galería prestigiosa para un futuro proximo. (foto ClaudiaFontes-TheHorseProblem)

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“Viva Arte Viva” es el titulo elegido por Christine Macel para su muestra: un recorrido con 120 artistas provenientes de 51 paises de los cuales 103 pisan por primera vez la bienal. Un desafío bastante arriesgado ya que la mayoría eran desconocidos para la escena internacional del arte.

Si el objetivo curatorial es poner en valor artistas y problemáticas nuevos, el interés se centrará entonces en poner en diálogo a los artista con sus pares, con la historia y con nosotros. La Sra. Macel nos explica: “Hoy día, en un mundo lleno de conflictos y conmociones, el arte es testigo de lo más valioso que nos convierte en seres humanos. Es el terreno principal para la reflexión, la expresión individual, la libertad y los cuestionamiento fundamentales. (…) El papel, la voz y la responsabilidad de los artistas son más cruciales que nunca en el marco de los debates contemporáneos. Es en y a través de estas iniciativas individuales que el mundo de mañana toma forma, algo – ciertamente incierto– que los artistas intuyen a menudo mejor que otros. Viva Arte Viva es una exclamación de júbilo, de triunfo y deseos: festejar al arte desde los artistas, para ellos y con ellos”.

Diseñó Nueve Trans Pabellones (una manera sutil de involucrarnos en un desarrollo lineal de su historia), que debemos transitar si seguimos su pensamiento y en los cuales nos presenta a artistas de varias generaciones y orígenes, que se suceden uno tras otro en un ritmo sinuoso, como si fueran capítulos de un libro.

Abre las puertas de la bienal la monumental obra del artista norteamericano Sam Gilliam, un estandarte de tela azul sin enmarcar que rinde homenaje a la pintura y al artista Yves Klein, que por estos dias está finalizando su retrospectiva en Buenos Aires.

Esos Trans Pabellones (en este caso salas de la bienal), con un puñado de artistas muy disimiles pero que ilustran el título de cada uno, son:

El Pabellón de los artistas y libros: el material y los mundos espirituales de los artistas, en especial a través de su relación con los libros, textos y el conocimiento en su sentido más amplio, que son tema recurrente en las obras de muchos artistas. Ellos duermen, dedican tiempo al Ocio y al NegOcio. Franz West, Ciprian Muresan y Liu Ye son, a mi parecer, los artistas rescatables de este primer tramo.

El Pabellón de los goces y miedos explora la relación entre el individuo y su propia existencia, sus emociones y sentimientos o los que trata de generar. Está presente Kiki Smith, siempre con sutileza y vigor en sus dibujos, y el merecido reconocimiento al artista sirio Marwan con obras de fuerte expresividad pictórica.

El Pabellón de lo compartido abre las puestasen el Arsenale; está concebido alrededor de la obra de artistas que investigan la noción del mundo común y la manera de construir una comunidad, como una manera de contrarrestar el individualismo y los intereses personales, una característica preocupante del clima sombrío actual. Allí se muestran dos videos fundamentales del artista chileno Juan Downey del año 1979.

De una manera similar, el Pabellón de la tierra está centrado en utopías ambientales y planetarias, así como observaciones y sueños. Aquí la referencia al Land Art International es obvia. Afortunadamente las obras de Nicolás García Uriburu se destacan del resto y muestran a un artista fundamental de la gran historia del arte.

El Pabellón de las tradiciones: cada vez son más los artistas que exploran no sólo la historia contemporánea o reciente sino también pasados más distantes, con interés especial en la arqueología, en re-interpretaciones y re-invenciones. Los ejemplos de “artistas artesanos” bordadores, alfareros, cocineros y zurcidores ilustraron hasta el hartazgo.

En el Pabellón de los chamanes, muchos artistas adhieren a la definición del artista como “chamán”, mientras que hay otros que se convierten en “misionarios”. Aquí se evidenció la inutilidad de sacar de los lugares únicos y sagrados a los magos, brujos e iniciadores de ritos y ceremonias que son patrimonio solamente de sus culturas y lugares. No hay necesidad de mostrar músicos de pueblos originarios del Brasil como si fueran una atracción de feria.

El Pabellón dionisíaco celebra el cuerpo femenino y su sexualidad, vida y placer, con alegría y sentido del humor, y presenta numerosas obras creadas por artistas mujeres. Muy interesante ver la producción de la artista Maha Malluh, de Arabia Saudita, con una contundente obra de audiocasettes dispuestos como textos que dan cuenta del rol de la mujer en su sociedad.

El Pabellón de los colores puede ser descripto como el de los “fuegos artificiales” al final del recorrido a través del Arsenale, donde todos los cuestionamientos presentados en los pabellones precedentes vuelven a confluir antes del capítulo final. Allí la muy festejada obra de la americana Sheila Hicks explotaba de colores radiantes.

En el Pabellón del tiempo y la eternidad, al final de la travesía, la noción de tiempo re-emerge con una nueva calidad metafísica, dentro de laberintos borgeanos y especulaciones acerca de un futuro que ya está encarnado en el presente, o en una eternidad ideal. Aquí nuevamente debo destacar la obra El hombre con el hacha y otras situaciones breves – 2, de Liliana Porter.

Los envíos nacionales

Tanto en los Giardini como en los Arsenales y en toda Venecia los países muestran a sus artistas seleccionados para representar a cada nación. He recorrido con detenimiento cada uno de ellos y he realizado mi selección y distinción. Sin un plan alfabético o de PBI de cada país distingo a: Estados Unidos con el artista Mark Bradford que en su enorme instalación “Mañana será otro dia” utiliza materiales cotidianos como revistas, cartones, afiches callejeros que adquieren un significado social y señalan además que la vida de los individuos es historia en el sentido más elevado; Australia con la fotografa y cineasta Tracy Moffatt; Gran Bretaña con Phyllida Barlow, una de las más renombradas escultoras inglesas, que toma el pabellón para abarrotarlo de esculturas, acentuando, de manera categórica, el sentido y sin sentido del bloque, la gravedad, el peso, los materiales y la “fábrica de hacer arte”, todo a la vista de manera contundente y feroz, y Anne Imhof, ganadora del Leon de Oro de la bienal, con una ambiciosa instalación performática donde la brutalidad de la vida cotidiana se muestra sin dobleces ni metáforas. Francia con Xavier Velhan, artista que nos tiene acostumbrado a sus esculturas realistas y amables pero que para sorpresa general transformó el pabellón francés en una sala de grabación donde artistas, músicos, especialistas en sonido tomaran la sede durante toda la bienal como centro de grabación y experimentación bajo la mirada atenta del artista. Argentina con Claudia Fontes y una monumental obra titulada “El problema del caballo”, con la curaduría de Andrés Duprat, quien nos comenta en el desplegable de mano: “Fontes tomó las ideas para ‘El problema del caballo’ de tres fuentes diferentes. El punto de partida fue la presencia oculta del caballo detrás de los materiales con los cuales está hecho el edificio. El caballo y su tracción a sangre cumplían, en la época en la que se construyó el Arsenal, un rol protagónico en la fabricación y el transporte de la madera, el ladrillo y el hierro. Un segundo aspecto contextual que la artista aborda, es la función original del edificio: la fabricación de cañones y balas de cañón para los barcos que se construyeron en el Arsenal desde el siglo XIII en adelante, en lo que constituye el primer ejemplo histórico de una línea de producción, antecesora directa del fordismo. Finalmente, la historia de La Biennale di Venezia como institución que insiste en perpetuar la tradición decimonónica de las representaciones nacionales hizo que Fontes localizara su acercamiento crítico en cómo la idea de nación se ha forjado a través de la historia, y específicamente en Argentina”.

Una especial mención a la entrega de la República de Sudafrica con la artista Candice Breitz, que filma con una camara fija a modo de reportaje a los actores Julianne Moore y Alec Baldwin, que nos cuentan las historias de seis refugiados con narraciones de esclavitud, segregación, intolerancia, racismo y sexismo; luego en una sala contigua los protagonistas vuelven a narrar sus trágicas y conmovedoras historias. Austria también me interesó con la presencia del conocido artista Erwin Wurm, cuyas Esculturas de un Minuto hacen por ese lapso de tiempo participar al público y transformarlo en protagonista, actor, intérprete y hacedor de la obra, al menos por ese escaso y suficiente minuto.

No es posible visitar la Bienal de Venecia sin recorrer las múltiples muestras en lo que se llama, desde hace años, los Eventos Colaterales. La ciudad ofrece muestras, conciertos, performances en todas las islas que conforman La Serenísima. El enfant terrible del arte inglés Damien Hirst hace lo posible por deslumbrar en la pretenciosa muestra del Palazzo Grassi y la Punta della Dogana titulada “Tesoros de las Ruinas del Increíble Damien Hirst”, una fantasiosa historia que juega entre realidad y fantasía (con una multimillonaria inversión, ya recuperada en ventas) plagada de referencia a la historia del arte de la antigüedad y sus mitologías buceando entre lo kitsch y lo sublime.

La Fundación Prada a su vez nos deleita con una exquisita y sofisticada muestra de tres encumbrados artistas como Alexander Kluge, Thomas Demand y Anna Viebrock, donde se nos invita a armar e interpretar nuestra propia obra a partir de los objetos, fotografias e imágenes que ponen a nuestra disposición.

Venecia otra vez más nos envolvió con su mistero, su capricho y su belleza.